Rev. Ignacio Hinestroza

En el capítulo 4 del evangelio de San Mateo, la primera parte nos habla de victoria,
de poder, de triunfo y de bendición, esta porción bíblica nos registra el momento
glorioso cuando nuestro amado Salvador Jesucristo, enfrenta la prueba que le abriría
las puertas al ministerio más grande que alguien haya tenido sobre la tierra. Esta
enseñanza nos deja una demostración práctica, de que podemos vencer sin lugar a
dudas toda tentación, toda situación difícil y todo intento de satanás, cuya
maquinación es desviarnos del propósito que nuestro Padre Celestial tiene para con
cada uno de nosotros.

Mucho pueblo de Dios hoy es víctima de la derrota, del fracaso, del decaimiento
espiritual, de la debilidad y tantas otras cosas que cada día les afectan negativamente
haciéndolos ver como un grupo de personas sin rumbo y sin dirección.
Aquí la clave es vencer. Vale anotar que nadie es ajeno a la tentación, Martín Lutero
dijo que es imposible evitar que las aves vuelen por encima nuestro, pero lo que si
podemos impedir es que ellas hagan nido sobre nuestra cabeza.
En el segmento de La Palabra de Dios que tomamos como base, la palabra tentar
significa seducir con el fin de inducir al pecado y las distintas cosas que nos alejan de
Dios, es por ello, que aquí al maligno se le llama “el tentador”; en este caso, porque
quiso apartar a Cristo del propósito eterno para el cual vino a la tierra, esto es, libertar
al hombre de la condición de esclavo del mal; es de destacar que el Señor estaba en
su naturaleza humana, sin embargo, no permitió bajo ninguna circunstancia ser
apartado de cumplir con su objetivo, demostró aquí su firme deseo de obedecer y
agradar al Padre, dándole cumplimiento a esta tarea.

Después de ser bautizado en el Jordán, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto;
esto nos permite ver que en la experiencia, literalmente se libra una batalla real,
permítanme observar algunos detalles de la escena; es justo al salir de un periodo de ayuno de cuarenta días con sus noches que el diablo le dice a Cristo: “…di que estas
piedras se conviertan en pan.” San Mateo 4:3, desde luego, el Señor no obedece a
esa voz que lo incitaba a hacer un milagro fuera de la voluntad de Dios, y a que
utilizara su poder divino, a cambio de humillarse yendo a la cruz; sin dilaciones el
Salvador responde citando Deuteronomio 8:3 “no sólo de pan vivirá el hombre, mas
de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”

El tentador insiste en intentar hacer que Cristo desobedezca, y lo lleva a una de las
torres del área del templo y le dice: “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito
está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que
no tropieces con tu pie en piedra.” San Mateo 4:6; esta era una tentación caprichosa y
sin sentido, el diablo quería que Jesús protagonizara un espectáculo para atraer a las
gentes, pero de ninguna manera era así como se había diseñado el camino de la
salvación, tenía que ser por medio de la cruz. A esta tentativa el Señor responde
nuevamente declarando la poderosa verdad escrita en Deuteronomio 6:16 “No
tentaréis a Jehová vuestro Dios…”

La Biblia sigue dando detalles muy valiosos de esta batalla entre el Rey del universo y
la obra de las tinieblas, el registro sagrado del que nos estamos valiendo hoy, nos dice
que otra vez el adversario de nuestra redención le hace una oferta muy llamativa al
Señor, mostrándole todo el paisaje alrededor entre tanto que le decía: “Todo esto te
daré, si postrado me adorares.” San Mateo 4:9, a lo que el Señor responde
valiéndose del poder de la Palabra y evocando Deuteronomio 6:13: “Vete, satanás,
porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” San Mateo 4:10,
como resultado, finalmente el diablo le dejó, según nos sigue contando la narración de
San Mateo 4.
¡Qué maravilloso es el poder de Dios!

En resumen Cristo fue tentado en todo; en los deseos de la carne, los deseos de los
ojos y la vanagloria de la vida, pero como siempre sucede Jesucristo sale triunfante y
victorioso.
Usted y yo como parte de la iglesia del Rey de reyes y Señor de señores, teniendo de
nuestro lado a un Señor y Cristo siempre vencedor, podemos alcanzar mucho más de
lo que hasta ahora hemos logrado. Amén