Rev. Ignacio Hinestroza

El tiempo dedicado a Dios es una prioridad absoluta en el diario vivir del creyente. El acercarnos a Dios nuestro Padre Eterno por medio de Jesucristo y tomar un espacio cada día de nuestra existencia para meditar en su Palabra, para orar, para adorarle y exaltarle por todo lo que es y por todo lo que hace en favor nuestro, traerá resultados poderosos.

En lo que tiene que ver con la meditación de las Sagradas Escrituras, encontramos en los primeros versículos del libro de Josué, por ejemplo, que Dios le advierte sin vacilación a este líder que tuviera un tiempo privado con su Palabra antes que cualquier otro asunto, esto es una entrega incondicional al mensaje y a las enseñanzas consignadas en el Santo Libro. El versículo 8 del capítulo 1 comienza con una palabra directa: “Nunca” y luego viene otra expresión similar: “día y noche”, es decir, esa Palabra no podía faltar en ningún instante, pues ese sería el punto clave para el éxito y la victoria en su liderazgo.

Así como sucede con la Palabra viva y santa, también la oración es fundamental. Jesucristo dijo: Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6:6

Todo esto nos hace ver la importancia de los momentos a solas con Dios. Es una verdadera lástima que haya tantos cristianos que desconocen esta realidad.

Traemos también al corazón aquella hermosa expresión del maestro de maestros: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33

Amados, cuando dedicamos el tiempo necesario a la Palabra de Dios, tengamos la total seguridad que habrá tiempo para lo demás, pero lo primero es lo primero. Dios nos da tiempo para trabajar, para compartir en familia, para ir de compras, para ir de paseo, para divertirnos sanamente, entonces del mismo modo tengamos en alto la importancia de la meditación cotidiana en la Eterna Palabra del Señor.