Rev. Ignacio Hinestroza
El libro de los salmos capítulo 125 dice: “Los que confían en Jehová son como el
monte de Sion, Que no se mueve, sino que permanece para siempre”
La confianza genuina en Dios y su santa Palabra es un tema que corre por todas las
páginas de la Biblia. El Señor Todopoderoso quiere que dependamos en todo
momento solamente de Él, porque Él se ha dado a conocer como el omnipotente,
omnipresente y omnisciente; este nuestro Padre Celestial todo lo puede, todo lo
conoce y no hay lugar donde su gloria divina no pueda llegar.

También podemos notar que la confianza en Dios es un principio fundamental en el
camino de Cristo. Esta postura es tan necesaria en la vida del creyente, que Dios nos
dice claramente a través de su Palabra: “…Si se aumentan las riquezas, no pongáis el
corazón en ellas.” Salmo 62:10; nuestra mirada debe estar siempre en Él y solo en Él.
En medio de tantas situaciones difíciles, así como en el dolor, en la aflicción, en la
angustia, en la soledad, en la enfermedad, en las crisis económicas, en el abatimiento,
en la tristeza, en las pruebas difíciles, en los ataques de las tinieblas, en tiempo de
duda, indiscutiblemente podemos confiar en Dios y depender de su amor y su gracia
infinitas.

Cuán agradable es reconocer que Dios cuida de nosotros; aunque a veces se torne
difícil entenderlo allí estará en todo tiempo nuestro amado Padre, ayudándonos,
guardándonos, protegiéndonos, librándonos del peligro y sustentándonos con su
divino poder; por esto insistimos que en medio de las adversidades podemos
acercarnos a Él.
Inicialmente vimos el paralelismo que Dios hace con respecto a aquel que ha creído a
sus infalibles promesas y el monte de Sion, al decirnos por medio del texto sagrado que: “…son como el monte de Sion, Que no se mueve, sino que permanece para
siempre”; Salmo 125:1(b)

También por medio del profeta Jeremías, Dios da una bienaventuranza para todo
aquel que se pone bajo su cobertura, “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya
confianza es Jehová. 8  Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto
a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja
estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” Jeremías
17:7-8 ¡Que hermosa Palabra!

Todas estas promesas se convierten para nosotros en una fuente de la que brota
bendición, y de la que podemos experimentar como lluvia torrencial la gloria, poder y
unción, de tal manera, que seremos conducidos definitivamente en triunfo y victoria.
En el libro de los salmos encontramos algo más: “Los que miraron a él fueron
alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados.” Salmo 34:5
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? 2  Mi socorro viene de
Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.” Salmo 121: 1-2; expectativa acompañada de
un profundo deseo de ser ayudado encontramos aquí, pero la respuesta no se hace
esperar, Dios, el Dios creador del universo es también soberano sobre todo lo que ha
hecho, y nosotros somos parte de su creación, entonces, ¡Él merece toda nuestra
confianza!

Deleitémonos como nunca y confiemos firmemente en el Trono de la gracia, es de allí
de donde viene la verdadera bendición, solamente así podremos demostrar nuestra
dependencia de Aquel por quien todas las cosas han venido a la existencia.

¡Dios les bendiga!