“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” 1ª Pedro 2:1-2. 

Después de recibir a Cristo en el corazón como Señor y Salvador, el nuevo creyente necesita crecer espiritualmente del mismo modo que un recién nacido crece físicamente. El crecimiento como tal, demanda cuidados tales como buena nutrición y seguridad respecto a cualquier peligro que intente hacer daño, entre otros.

La expresión “desead” en el original significa anhelar en gran manera, intensamente, de tal modo que lo que se desea se impone por encima de cualquier otra cosa. Un niño instintivamente desea la leche y se alimenta de ella sin argumentar ni hacer análisis químicos al producto que está consumiendo, esto nos habla de la simple aceptación de la verdad, sin racionalizaciones arrogantes. En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. San Mateo 11:25-26. La pista más confiable de que alguien está creciendo espiritualmente, es el deseo profundo de alimentarse con La Palabra de Dios.

El sano proceso de desarrollo y crecimiento físico de una persona, involucra entre otros, una nutrición equilibrada y saludable, acorde con esta idea básica, La Palabra de Dios es el alimento que suple las necesidades del alma, ella posee el contenido del plan divino para el bienestar integral sus criaturas. No siempre lo que agrada al gusto satisface necesariamente las necesidades biológicas, de igual manera, no siempre lo que genera complacencia a nuestros sentidos suele ser lo que necesitamos para un sano crecimiento espiritual, de ahí que, dar prioridad a lo establecido por Dios antes que a nuestras propias percepciones, es lo realmente importante, cuando el interés consiste en escalar continuamente hasta llegar a ser maduros en la fe, ¡Esto es realmente crecer espiritualmente!

La lectura Bíblica constante, la meditación y memorización de Las Escrituras, el estudio de la Palabra de Dios aplicado a la vida cotidiana, y el acompañamiento de una vida devocional disciplinada, son las herramientas con las que se le pone el sello de garantía al progreso cristiano.

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