Rev. Ignacio Hinestroza

En Éxodo capítulo 19 versículos 10 y 11, Dios le dice a Moisés que le ordene al
pueblo que se santifique, que estén preparados para encontrarse con Él en el monte
Sinaí, era allí donde Dios manifestaría su gloria divina, y todo Israel tendría que
reconocer la realidad, el poder y la grandeza del Dios vivo y eterno.
Era de tal magnitud este encuentro, que la nación como tal, tenía que tener en cuenta
muchos detalles, tanto así, que Dios mismo estableció algunos límites alrededor del
monte, límites que ni siquiera los animales podrían traspasar. Esto nos permite
entender que los propósitos de Dios demandan preparación cuidadosa.

En los días antes del diluvio, Noé recibe una orden del cielo, se le dice que prepare un
arca para que por medio de esta fueran salvos y escaparan del terrible juicio de Dios
que se avecinaba; esta construcción tomaría un tiempo aproximado de ciento veinte
años, si somos imaginativos, pensemos en todos los detalles que posibilitarían poder
llevar a cabo este gran proyecto. El autor de la carta a los Hebreos dice: “   Por la fe
Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor
preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue
hecho heredero de la justicia que viene por la fe.” Hebreos 11:7

Cuando David está terminando su etapa de gobierno, dice a Salomón su hijo quien le
sucedería en el trono, y quien además, tendría el privilegio de construir la casa para
Dios, que todo estaba listo para ejecutar este plan. La razón por la que todo estaba
listo, es porque David había preparado con años de anticipación todas las cosas; en el
libro 1°de Crónicas capítulo 29 versículo 2, dice textualmente en palabras del rey:
“Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas
de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de
hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras
negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de
mármol en abundancia.”

En los días del ministerio de nuestro Señor Jesucristo, en el momento en que María la
hermana de Marta y Lázaro, seis días antes de la fiesta de la pascua ungió los pies
del maestro con aquel perfume de nardo puro de mucho precio, calculado en unos
trescientos denarios; podemos ver algo más, y es que María había tenido que ahorrar
y preparar este acto con mucha anticipación. Recordemos que el denario era el salario
promedio de un día de trabajo. Cuando Judas menospreció lo que ella hacía por su
Señor, Cristo le dice: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.” San
Juan 12:7

Todos estos ejemplos nos hablan de preparativos previos para poder acercarnos a
Dios adecuadamente y experimentar un encuentro grato con el Rey del universo.
Insistimos que si hay algo en lo cual deberíamos ocuparnos, es en los asuntos
celestiales, para ello debemos estar listos, dedicados, consagrados y siempre a la
expectativa del mover del Espíritu Santo.

Todo esto nos lleva hoy más que nunca a estar alerta porque pronto vendrá aquel que
dijo: “…vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros
también estéis.” San Juan 14:3

¿Estás preparado?