Rev. Ignacio Hinestroza

El mensaje de Dios para su pueblo merece toda la atención. Cuando el Señor en su infinita gracia
nos habla, el efecto poderoso inmediato es hacer realidad esa enseñanza, aplicándola a la vida
diaria. En otras palabras, poner por obra lo aprendido. El llevar a la práctica lo que se nos haya
enseñado no es nada fácil, debido a que por nuestra condición pecaminosa tenemos la tendencia a
rechazar y desobedecer el consejo de Dios.

Hoy se escucha con mucha frecuencia la Palabra de Dios en el sermón, en la predicación, en la
instrucción, pero ocurre algo, y es que no vemos el resultado que quisiéramos ver, no sucede el
resultado que se espera.

A pesar de esta tendencia tan desagradable, Dios nos sigue hablando tal como lo hiciera en el
tiempo antiguo, y espera que asimilemos cada porción de la Santas Escrituras, en beneficio de
nuestro crecimiento espiritual. Allí justo en el momento que atendemos al mensaje, El Espíritu Santo
autor de La Palabra y quien nos guía a toda verdad, nos da orientación, guía, aliento, discernimiento
y corrección a las acciones equivocadas y contrarias a la voluntad de Dios.
Recordemos lo que Santiago nos dice en su epístola: “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores….” Santiago 1:22

Para que una verdad bíblica se haga efectiva, tiene que aplicarse a la vida diaria, es allí en la
cotidianidad que experimentamos cuan hermoso es vivir conforme a La Palabra de Dios. Con razón
Jesucristo insiste: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Apocalipsis 2:7
Ya de tiempo antiguo Dios le advirtió al pueblo que si escuchaban atentamente su santa voz y
ponían por obra sus mandamientos, vendrían bendiciones abundantes, contrario a esto, de no poner
por obra los mandamientos vendría maldición.

Jesucristo expresa enfáticamente que si alguno oye estas palabras y las hace es semejante a un
constructor que edifica sobre la roca, es decir, sobre cimiento firme y estable, aunque venga el
remesón más fuerte esa edificación nunca caerá. No obstante, si alguno oye la misma palabra y no
la pone por obra, es como un constructor que edifica sobre la arena, en cuanto llegue la adversidad,
su edificio se derriba por cuanto no tiene buen cimiento. S. Mateo 7:24-27

¡Dios les bendiga, es tiempo de comenzar ha ser oidores y hacedores de la Palabra!