Rev. Ignacio Hinestroza

David el hombre que fue inspirado por Dios para escribir una buena parte del libro de los salmos, expresa con regocijo:
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmo 27:4, también otro autor en el mismo libro, dice con entusiasmo. !Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.” Salmo 84:1,2.

Todo esto nos hace ver lo maravilloso de una verdadera comunión con Dios y de un acercamiento sin barreras a su Santa Gloria.
Dios anhela que cada día de nuestra existencia estemos más y más cerca de Él, y que a cada momento haya una experiencia renovadora, de tal manera que su presencia se haga realidad en nosotros. No podemos cerrar el corazón ante este mover, pensando incluso que ahora mismo puede suceder algo poderoso de parte de nuestro Dios, en lo profundo de nuestro ser.
Y ¿Cuál es el objetivo de todo esto? Al estar continuamente delante de Dios somos santificados, somos transformados, somos renovados, nos convertimos en creyentes victoriosos, y ¡algo mucho más grande! Vamos a estar siempre fortalecidos para enfrentar todas las adversidades y todos los ataques del maligno que cada día nos asechan.

No podemos olvidar que solo Dios con su grande poder puede ayudarnos con el socorro de lo alto y sustentarnos con su Espíritu Divino. Por todo esto, en ningún momento, ni por un solo instante podemos separarnos del Señor y de su Palabra Eterna. Jesucristo dijo: “…separados de mí nada podéis hacer.” San Juan 15:5(b), es por ello que cada día debe haber un deseo de mayor intimidad con Él.
La Palabra también nos enseña que debemos permanecer en Cristo, tal y como una rama está unida a la vid, exactamente así debe ser.
Que Dios Todopoderoso nos bendiga y disfrutemos continuamente con Él.