Rev. Ignacio Hinestroza

El libro de Eclesiastés tiene dos expresiones que se encuentran a lo largo de
su contenido, ellas exactamente son: Primero, que la vida es breve y
segundo, que todas las cosas que existen sobre la tierra, pasan y terminan.
El autor, Salomón, rey de Israel, al final de sus días hace un alto en el camino
y después de muchos altibajos en su carrera espiritual, saca una conclusión
muy valiosa y dice: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y
guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés
12:13

Dios y su santa Palabra lo es todo para nosotros; temerle todos los días de
nuestra vida nos conducirá a la gloria eterna.
Vale anotar que Salomón va a escribir basado en su propia experiencia, este
rey tuvo todo lo que humanamente cualquier persona anhelaría tener, Dios
le concedió la sabiduría que pidió y aparte de esta, le añadió muchas cosas
más; para tener una idea de la sabiduría, la fama y las riquezas que poseía, el
Primer libro de los Reyes nos dice acerca de esto: “Oyendo la reina de Sabá la
fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle
con preguntas difíciles.” 1° Reyes 10:1; así mismo, más adelante en el mismo
capítulo encontramos lo siguiente: “Y todos los vasos de beber del rey
Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del
Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era
apreciada.” y a continuación se agrega algo más acerca de él: “Así excedía el
rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.” 1°
Reyes 10: 21, 23.

A pesar de tenerlo todo, Salomón expresa que la totalidad de estas cosas son
solo “vanidad de vanidades”, sin embargo, él mismo hace una pregunta:
“¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo
del sol?” Eclesiastés 1:3
En nuestro mundo, hoy por hoy, la gente tiene un afán desenfrenado por
todo aquello que es pasajero, se nos olvida que lo meramente terrenal es
temporal; Jesucristo con su sabiduría divina nos hace una advertencia:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su
alma? Marcos 8:36

Vivimos en la generación de la avaricia, de la codicia, existimos en medio de
una sociedad cuyo afán es el de tener más y más de lo de aquí, un deseo
insaciable por las cosas mundanales es propio de nuestros días; por lo cual el
apóstol Pablo advierte: “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las
que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se
ven son eternas.” 2ª Corintios 4:18