Rev. Ignacio Hinestroza

La Biblia enseña que Dios nuestro Padre Eterno debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. Cuando un intérprete de la ley le pregunta a Jesucristo cual era el gran mandamiento en la ley, el Señor le responde y dice: “…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Mateo 22:37

Esto nos hace ver la necesidad de dedicar tiempo a Dios, por tanto, debemos dar un espacio amplio, abundante y generoso al Señor y como resultado vamos a tener un impacto de la presencia de la presencia del Dios Eterno.

Nos podemos hacer una pregunta: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi corazón? Veamos algo:

Primero: Necesitamos estudiar diariamente las Escrituras. Un contacto continuo con la Palabra de Dios traerá fe, confianza, aliento, seguridad, fortaleza, crecimiento espiritual y mucho más. El escritor del Salmos 119 dice: “Estas bendiciones tuve Porque guardé tus mandamientos.” Salmo 119:56.

Segundo: Debemos mantener una vida constante de oración. Esa intimidad con el Señor nos hará fuertes y valientes, dispuestos para la batalla y listos para enfrentar los ataques de satanás y su obra infernal.

Tercero: Debemos meditar en las promesas del Dios Viviente. Esto significa repasar, digerir, desmenuzar cada texto de las Sagradas Escrituras, porque es así como hace un verdadero efecto el estudio bíblico.

Ese tiempo invertido en Dios traerá resultados inigualables y se cumplirá lo que dice el Salmo 1: 1: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmo 1:3

¡Adelante que nos esperan grandes victorias en el nombre de Jesús!