Rev. Ignacio Hinestroza

En el capítulo 133 del libro de los Salmos encontramos un momento muy glorioso
en la vida del pueblo de Dios, ellos se han congregado con mucho gozo y fervor para
celebrar las fiestas en Jerusalén; estas fiestas incluían la alabanza, la adoración, la
exaltación y el reconocimiento al Señor por sus hechos maravillosos.
Para que realmente experimentaran una bendición extraordinaria, Dios les pedía que
estuvieran juntos y en armonía. Así debemos permanecer todos los que somos parte
del pueblo del Señor; sin impedimentos, sin barreras, sin resentimientos ni amarguras,
sin envidias y sin hipocresías; por lo tanto, es importante que para alcanzar el
propósito divino de que permanezcamos en comunión íntima con el Señor y también
con nuestros hermanos, es necesario poner en práctica las enseñanzas bíblicas sobre
el amor y la fraternidad.

Primeramente debemos tener en cuenta que uno de los grandes atributos de Dios es
el amor. En ese amor y por su gracia infinita el Dios eterno derramó la gran salvación
sobre toda la humanidad, la carta del apóstol Pablo a los Romanos nos dice: “Mas
Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros.” Romanos 5:8
Nuestro Padre Celestial quiere que así como él nos ha amado, nosotros también
demos de ese amor; reconocer esa bondad es el punto de partida para amar también
a otros.

Juan, el escritor bíblico, en el capítulo 4 de su primera carta se ocupa de este
impactante tema y nos dice que el amor debe estar en acción, y expresa estas
poderosas reflexiones:

  • Amémonos unos a otros porque el amor es de Dios. (Vers. 7)
  • El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (Vers. 8)
  •  Dios nos muestra su amor enviando a su Hijo Unigénito. (vers. 9)
  • Dios nos amó primero a nosotros antes que nosotros a él. (Vers. 10)
  • El Hijo de Dios, Jesucristo nuestro salvador, vino en propiciación por nuestros pecados. (Vers. 10)
  • Si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
    (Vers. 11)
  • Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros. (Vers. 12)
  • Si alguno dice: “Yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso” (Vers.
    20)
  •  El que ama a Dios, ame también a su hermano. (Vers. 21)

Que poderosa verdad nos transmite la Palabra eterna de Dios; esto es lo que Dios
quiere que se haga realidad en cada uno de nosotros; así caminaremos juntos
diariamente en este mundo confuso, soportándonos con paciencia para llegar a la
meta final.

Dios les bendiga!