Rev. Ignacio Hinestroza

El apóstol Pablo en una inspiración maravillosa guiado por el Espíritu Santo, dice en la primera carta
a los Tesalonicenses capítulo 5 versículo 16: “Estad siempre gozosos.” Esto indica que el verdadero
creyente tiene motivos ilimitados, para expresar todo lo que el poder y la bendición de Dios han
hecho dentro de él.

La Palabra abunda en referencias al gozo y al regocijo; esto es contentamiento, deleite, paz,
serenidad, satisfacción, alegría y esperanza aún en la prueba más difícil que se pueda enfrentar.
Se dice que el idioma hebreo en el cual se escribió el Antiguo Testamento, tiene un sinnúmero de
palabras para referirse a estas experiencias. De hecho los escritos del Nuevo Testamento coinciden
en que el gozo es un regalo de Dios para el ser humano, que es afectado diariamente por
situaciones indeseables.

Dice el Salmo 16 en el versículo 11: “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud
de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.”
Por esto, cuando nos ataca la tristeza, el dolor, la angustia, la frustración, el abatimiento, la aflicción,
la enfermedad, las crisis económicas y emocionales, vamos a la presencia de Dios y
contrarrestamos estas situaciones adversas. Y es que amados hermanos, por medio de Jesucristo
tenemos acceso directo al mismo trono de la gracia de Dios.

  •  El pueblo experimentó gozo cuando fue libertado de la esclavitud de Egipto y por eso cantaron
    con todo su corazón. Éxodo 15:1-2.
  •  Cuando David, este sencillo hombre que escribió una buena parte del libro de los Salmos,
    derrotó al gigante Goliat que era parte del ejército de los Filisteos, la nación celebró con gozo.
  •  En los días del esplendor del gobierno de Salomón, se inaugura el templo en Jerusalén, único
    lugar de sacrificio y adoración. Todo Israel fue invadido del gozo del Señor. 2ª Crónicas 7:10.
  •  En los días del nacimiento de Jesús, el regocijo se desbordó cuando los ángeles anuncian este
    maravilloso evento que cambiaría el curso de la historia. Lucas 2:10-11.
  • En el levantamiento de la iglesia al cielo, llegará un momento cuando las mismas cortes celestiales y angelicales rebosarán de gozo, porque todos los redimidos, lavados en la sangre preciosa del Cordero, habremos llegado a la meta. Apocalipsis 19:7-8.

Amados, gocémonos cada día en la santa presencia del Rey Eterno, aún en las aflicciones, y pronto
estaremos en la mansión de gloria por toda la eternidad.

¡Dios derrame abundancia de bendiciones sobre su vida!