Rev. Ignacio Hinestroza

Muchas veces nos preguntamos qué objetivo tiene realmente buscar a Dios, seguir y obedecer a sus
mandamientos y apartarnos de tantas cosas terrenales. Esta inquietud surge porque a veces es 
difícil entender los propósitos de nuestro Padre Celestial para nosotros.
Cuando vamos a la palabra y profundizamos en ella nos encontramos con algo grande y maravilloso
de parte de Dios que, de acuerdo a su perfecta voluntad, hay un propósito que tendrá un
cumplimiento exacto.

Debemos comprender con toda claridad que el Señor ha determinado un programa desde antes de
la fundación del mundo, por tanto, no hay casualidades ni improvisaciones y tampoco las cosas
toman por sorpresa a Dios, sino que todo está controlado por su divino poder.

Fuimos llamados y alcanzados por el Todopoderoso para su gloria eterna y disfrutar en un futuro no
muy lejano todas aquellas promesas que están registradas en las sagradas escrituras para nuestro
propio beneficio; entre tanto que estamos en este mundo pasajero si permanecemos fieles a Cristo
nuestros ojos verán que Dios no falla, todo en él tiene su meta final y un día vendrá la tan anhelada
recompensa como lo dice 1 Corintios 15:58: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y
constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo no es en
vano.”

Definitivamente valemos mucho para Dios; veamos algunos puntos exactos del cumplimiento del
programa de Dios, por ejemplo, cuando Adán y Eva fueron plantados en el huerto la orden que se
les dio dice textualmente “Fructificad y multiplicaos llenad la tierra y sojuzgarla” (Génesis 1:28),
si miramos atentamente vemos una orden dada que se tenia que obedecer para que se cumpla un
objetivo. Lamentablemente estos primeros seres creados por Dios no acataron esta ordenanza pues
pecaron fueron echados del paraíso y es allí cuando Dios en su infinito y eterna misericordia deja
correr el plan de salvación, para toda la humanidad; esto lo confirma en apóstol Pablo cuando dice:
“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin
mancha delante de él” (Efesios 1:4).

Es importante anotar que Dios muchas veces se quejó, porque la nación de Israel no entendía el
propósito para con ellos. Igual sucede con la iglesia con nuestros días, los creyentes se preguntan
¿para qué tanto buscar a Dios? ¿para qué más consagración? ¿y para qué más evangelización?
Encontramos también a los discípulos quienes muchas veces escucharon al maestro y tampoco
entendían la tarea que Dios desarrollaría con ellos.

Como resultado de ese desconocimiento del plan divino viene la decadencia, la frialdad, el deterioro
y la muerte espiritual. Hoy más que nunca el Espíritu Santo de Dios quiere enseñarnos, iluminarnos,
darnos la visión espiritual para que seguimos adelante sin desviarnos hasta que Dios halla hecho lo
que tiene que hacer en nosotros.

Entonces busquemos a Dios, fortalezcámonos en el Señor ya que la palabra dice que el que
comenzó la obra en nosotros la perfeccionara hasta el día de Jesucristo.
Dios les Bendiga