Rev. Ignacio Hinestroza

David, el hombre a quien Dios inspiro para escribir buena parte del libro de los salmos
dice en el capítulo 27, versículo 4, “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo
en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para
inquirir en su templo”. En el momento de expresar este anhelo, él se encontraba cansado,
agotado y sin fuerzas, por todos los años de persecución por parte de Saúl quien para
entonces era el rey de la nación.

Para David este era uno de los momentos más críticos de su carrera espiritual y es
entonces cuando decide acercarse a la misma presencia de Dios. Allí encontraría fortaleza,
gozo, paz, aliento, consuelo y guianza del Señor para continuar de acuerdo al plan divino. Él
sabia que al entrar en el santuario de Dios las cosas cambiarían de una forma impresionante,
puesto que allí, tendría un verdadero encuentro con el Todopoderoso.

Pensemos que nuestro Padre Eterno, creador de todo lo que existe quiere que cada día
de nuestra existencia le experimentemos profundamente a través de una intensa relación por
medio de Jesucristo. Por todo esto, vamos comprendiendo la necesidad de entrar en el
santuario. Es allí donde pasamos tiempo con el Señor, le conocemos más, aprendemos de Él,
escuchamos su dulce y tierna voz que nos vivifica, nos alienta y conforta. Allí también la
unción del Espíritu Santo renueva nuestra vida y de esa forma podemos seguir avanzando
siempre triunfantes.

Indiscutiblemente, amados que beneficios tan maravillosos recibimos como resultado
de estar a solas con Dios. Sólo de esa forma es que el Señor satisface la necesidad espiritual.
Con sobrada razón, el autor del Salmo 73 después de tener un tiempo precioso de intimidad y
acercamiento al rey de toda la creación pudo decir: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios
es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.” Versículo 28.

¡Bendiciones abundantes y grandes triunfos de Dios para todos!