Rev. Ignacio Hinestroza

El templo es el punto de encuentro con el Dios Todopoderoso. Es definido por el
diccionario bíblico, como “morada divina, lugar santo o santuario, ya sea físico o
espiritual, que se emplea para la adoración”
En Éxodo capítulo 25 y versículo 8 nos dice la Palabra de Dios “Y harán un
santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.” Esta era una orden directa de Dios
para su pueblo; en ese lugar sagrado, los israelitas serían ministrados, perdonados,
santificados, renovados, y también allí aprenderían a servir a Dios todos los días de su
vida. Siendo así, entonces vamos a la casa del Señor para reconocer que es él, El
gran Señor del universo; también nos congregamos para alabarle, adorarle, exaltarle y
para celebrar sus hechos poderosos, es de esta forma que damos al Rey de reyes y
Señor de señores un servicio con excelencia.

Ahora entendemos porque David decía: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta
buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.” Salmo 27:4
Otro autor que demostraba un anhelo ferviente por la presencia divina dijo: “Porque
mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta
de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad.” Salmo 84:10
David, aquel hombre a quien Dios inspiró para escribir una buena parte del libro de las
alabanzas, dio inicio a todos los preparativos para construir el santuario dedicado a
Dios; y si bien es cierto, que él no tuvo el privilegio de hacerlo, le dio todas las
instrucciones a su hijo Salomón para que levantara ese lugar para la gloria de Dios, no
sin antes, alistarle todo lo necesario para que cumpliera con este objetivo.

Todo comienza con el lugar que David compra para llevar a cabo el proyecto que se
había propuesto; en los capítulos 21 y 22 del libro primero de las Crónicas, se registra
el momento cuando David adquiere de manos de Ornán jebuseo, por legítimo precio y
por dirección divina, una era en donde luego se levantaría el templo y el altar del
holocausto. Vale anotar que nunca habrá un servicio agradable y verdadero a Dios
mientras no haya sacrificio.

Notemos algunos detalles que nos enseñan y ayudan en la edificación espiritual;
después de ubicar el punto preciso, viene el tiempo de la construcción, y para esto se alistan los canteros, los albañiles, los cargadores y toda la madera de cedro que era
traída desde Tiro. En la preciosa obra del Señor con el fin de presentar un mejor
servicio, no se puede prescindir de los cargadores. Los cargadores son aquellos que
llevan el peso del trabajo y quienes valientemente hacen la tarea que Dios demanda,
podemos ver en ellos una disposición permanente de su corazón con el fin de dar
cumplimiento a la meta que se proponen, también podemos observar el cuidado, el
esmero y el ánimo que los conlleva al esfuerzo, de tal manera, que nada ni nadie los
puede detener en su emprendimiento.

Recordemos además, que a pesar de que David como tal no iba a construir, si
contribuyó en la preparación de los recursos necesarios para la edificación, de este
modo, él hizo su parte, y por ello es que dice a su hijo: “…la casa que se ha de edificar
a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las
tierras…” 1º Crónicas 22:5
Igualmente cada uno de nosotros como parte del hermoso pueblo de Dios, debemos
trabajar cada día con todo el corazón, con todas las fuerzas y con toda la motivación;
es así, como veremos los propósitos de Dios cumplidos, de tal forma, que todos
alrededor podrán reconocer a ese Dios grande, Poderoso, Santo, Eterno y Hacedor de
maravillas que está dispuesto a obrar ahora mismo en la vida de todo aquel que se
dispone para Él.

¡Dios les bendiga!