Rev. Ignacio Hinestroza

Continuando con el precioso tema del servicio en el Templo de Dios, hemos podido
entender bajo la iluminación del Espíritu Santo, que Dios anhela un pueblo que le
ame, que le adore, que le sirva de verdad y con todo el corazón.
Podemos recordar cómo Moisés le insiste a Faraón que deje en libertad al pueblo de
Dios, porque ellos tenían que servirle y no había otra opción, esto lo encontramos en
Éxodo capítulo 7 versículo 16, el texto nos dice: “…Jehová el Dios de los hebreos
me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto; y
he aquí que hasta ahora no has querido oír.”

Cómo desea el Señor que trabajemos con gozo, con esfuerzo, con motivación sincera
en su bendita obra, por lo tanto, es importante que tengamos una buena disposición
para servir, e indudablemente esta clase de servicio ha de comenzar en el templo; y
se hace con el propósito de agradar a quien nos regaló esa salvación tan grande.
Recordando algo más, dijimos que el templo o lugar sagrado es el punto de encuentro
con Dios, nadie podrá hacer un trabajo con diligencia para el Señor al menos que lo
comience allí en el altar, es por esto que David organizó todo lo que tenía que ver con
la construcción de la casa para Dios, con el fin de que más tarde su hijo Salomón le
diera continuidad a este gran proyecto que involucraba aspectos espirituales de la
nación.

Llega el momento de poner manos a la obra; al revisar el libro 1° de Crónicas
capítulo 28 versículos 9 y 10 David dice a su hijo: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce
al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque
Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los
pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para
siempre. 10  Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para
el santuario; esfuérzate, y hazla.”

¡Qué consejo más precioso que un padre le haya podido dar a un hijo con relación al
servicio para con el Rey del Universo!, Salomón obedece y edifica. En ese lugar santo
donde había un altar para el sacrificio el pueblo aprendería a buscar a Dios, a
depender de Él, a confiar en sus promesas y a caminar de acuerdo a sus
mandamientos. Allí reconocen también que el Dios que los había llamado es el
Creador de todo el universo, y que si le servían de verdad, cosas poderosas que
faltaban verse, llegarían a experimentarlas, de tal modo, que muchos de los pueblos
de sus alrededores conocerían a ese Dios maravilloso.

 

¡Dios les bendiga!