Rev. Ignacio Hinestroza

En la Primera Carta a los Corintios capítulo 9 y versículo 24, el apóstol Pablo hace
una comparación extraordinaria entre la competencia olímpica y la vida cristiana,
diciéndonos que así como en la carrera del estadio todos corren por un premio,
nosotros también debemos correr de tal manera, que obtengamos la corona
incorruptible de la gloria.

Para lograr el objetivo de alcanzar el trofeo celestial, es importante implementar
disciplinas que se requieren para tal efecto; disciplina implica perseverancia, esfuerzo,
ánimo, motivación y empeño; que en nuestro caso, todo verdadero cristiano debe
poner en práctica, para de esta forma ir creciendo espiritualmente. Esto hace
referencia al ejercicio continuo, esforzado y perseverante de todo aquello que nos
acerca a Dios.

Notamos con mucha preocupación que lamentablemente en el ámbito cristiano, la
decadencia espiritual, la frialdad, la tibieza y el estancamiento, avanzan con mucha
fuerza y esto como resultado de la poca disciplina; analizamos que el estudio de Las
Sagradas Escrituras es superficial, la oración escasea, la consagración pierde brillo y
la fe se va extinguiendo poco a poco.

Debemos volver de todo corazón a esas prácticas poderosas que en otro tiempo
hicieron que la iglesia fuera realmente columna y baluarte de la verdad.
Hablemos de la urgente necesidad de tener en cuenta la Palabra de Dios diariamente,
recordemos lo que Dios le dijo a Josué: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la
ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a
todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te
saldrá bien.” Josué 1:8

Todos queremos victorias estruendosas sin tener en cuenta la orden del Señor, lo que
Dios le dice a este líder, es que si quería una carrera exitosa, la Palabra de Dios tenía que ser una prioridad absoluta en su vida cotidiana. Que importante dedicar cada día
un espacio abundante para meditar, reflexionar, y para asimilar cada enseñanza que
Dios por su Santo Espíritu nos dé; cuando aprendamos a poner en práctica esta orden
divina, vamos sin lugar a dudas a experimentar hechos poderosos de parte de Dios
para con nosotros, realidades espirituales que nos van a llevar a una nueva etapa en
la vida cristiana, a un crecimiento y a una madurez notable.

Nos preocupa de verdad como se le cierran los espacios al Dios y Padre de nuestro
Señor Jesucristo; hay lugar para la diversión, para la entretención, los pasatiempos, y
hasta para lo que no aprovecha, es sin duda por esto, que resultamos desubicados de
los propósitos de Dios.
Si seguimos profundizando en este tema, encontramos también que en el libro de los
Salmos capítulo 1 versículo 3, se nos habla de los resultados de la disciplina;
descubrimos aquí a un hombre que no se involucra en los malos caminos, más bien
se deleita en las cosas de Dios y en su Ley medita de día y de noche, el resultado, un
creyente productivo, la evidencia se manifiesta en que da fruto en su tiempo y su hoja
no cae; está fortalecido, y por lo tanto, todo lo que hace prosperará.

Que bendición maravillosa poder experimentar el poder y la unción de lo alto a través
de la Eterna Palabra de Dios.