Rev. Ignacio Hinestroza

Dios como nuestro Padre Celestial trabaja continuamente en nosotros por medio del Espíritu Santo,
y nos exhorta a dar fruto espiritual para ubicarnos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
De allí la importancia de cultivar con esmero la vida cristiana. Debemos con la ayuda del Señor
adicionar elementos a manera de abono, y de esa forma estar más fortalecidos para logra avanzar
en esta gloriosa carrera.

Es una verdadera lástima que la tendencia en tanto pueblo que dice ser de Dios, sea la decadencia,
el desaliento, la incredulidad, la apatía, la tibieza, el descontento y tantas cosas semejantes, que a
cambio de traer crecimiento y visión, lo que traen es alejamiento y en consecuencia el descarrío.
La vida cristiana es una carrera preciosa que conduce a la misma presencia de Dios. Ahora, si bien
es cierto que hay momentos de mucha adversidad, dolor, sufrimiento, angustia, enfermedad, no
podemos pasar por alto que un día vendrá la recompensa.

Es por todo esto que cuando confiamos en Dios, en el poder de su divina gracia y en sus infalibles
promesas, podemos alcanzar una vida victoriosa y como resultado de ello, frutos innumerables.
Miremos a la luz de la Palabra, algunos elementos que aplicados con diligencia serán el abono
necesario: Esfuerzo, Dios insiste como nunca que para alcanzar algo más grande, ir más allá de la
fuerza normal es indispensable. Qué bueno que entendamos que sin una alta dosis de esfuerzo
tampoco llegaremos más lejos.

Dios le dijo a Josué:   “Esfuérzate y sé valiente;…” Josué 1:6. Este gran líder tenía como meta
conquistar los territorios ocupados por sus enemigos, y para ello necesitaba que sus fuerzas fueran
multiplicadas; hablar de todo lo que alcanzó nos daría para escribir muchas páginas más, puesto
que lo logró. Nosotros también podemos conquistar mucho más de lo que hasta el momento hemos
recibido.

Otro elemento muy valioso que nos ayuda en este cultivo espiritual es apartarnos del pecado, nada
arruina la vida espiritual tanto como lo hace el pecado; no podemos pretender alcanzar cosas
grandes sin apartarnos de lo que es desagradable a Dios.
Con relación al pecado la Palabra dice: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero
vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Romanos 6:11. También dice la Biblia: “Porque la
paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Romanos 6:23. Y como si esto fuera poco continúa diciendo el texto sagrado: “No reine, pues, el
pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias.” Romanos
6:12. Así que rechacemos con toda contundencia aquello que es abiertamente contrario a la
voluntad divina.

Entonces seguimos cultivando y agregando más abono, ahora encontramos otro factor tan
determinante como los anteriores, se trata de tener ánimo en las cosas de Dios. Usted puede ver
que un elevado número de creyentes son afectados día a día por este fenómeno maligno llamado
desaliento; cuando este logra penetrar profundamente un corazón, no se puede esperar nada
productivo de él. Sin ánimo no hay visión, no hay avance, no hay crecimiento, no hay progreso, no
hay unción, en resumen no hay nada.

De hecho satanás y sus demonios realizan una tarea diabólica con mucha maestría, para que
numerosos individuos caigan en ese abismo de deterioro.
Pudiéramos seguir mencionando más elementos que nos van a enriquecer, a fin de que nuestra
relación con Dios sea más íntima con el paso de los días.

¡Dios les bendiga!