Rev. Ignacio Hinestroza

Como creyentes en Dios y en su viva Palabra necesitamos hacer una reflexión muy profunda, acerca de las
muchas cosas que han hecho una barrera, impidiendo la manifestación sobrenatural del poder de Dios.
Debemos entender que nuestro Padre Eterno siempre está dispuesto a obrar continuamente a favor de sus
hijos y de quienes confían plenamente en Él, pero cuando el Señor mira nuestra condición espiritual, ve cosas
desagradables a sus ojos, tales como el pecado, la incredulidad, la tibieza, el orgullo, la vanidad y demás.

entonces, no puede actuar ni tampoco puede hacer lo que se ha propuesto porque contravendría su propia ley
moral; esto queda claro cuando lo expresa en su Palabra de la siguiente manera: “He aquí que no se ha
acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; 2 pero vuestras iniquidades han
hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para
no oír.” Isaías 59:1-2

El pueblo de Israel por causa de su desobediencia y apatía para con los mandamientos establecidos por Dios,
evidentemente cayó en un estado de decaimiento espiritual que los conllevó a la práctica de costumbres
pecaminosas, esto hizo que Dios se apartara de entre ellos. Es importante tener en cuenta que Dios no está
presente donde reina lo que es contrario a su santa voluntad.
Veamos algunos de estos impedimentos, que también son encontrados muy a menudo dentro de las
congregaciones:

  • Incredulidad
  • Frialdad espiritual
  • Tibieza como resultado de la falta de congregarnos
  • Apatía y rechazo a lo sagrado
     
  • Indiferencia
  • Mundanalidad
  • Orgullo
  • Vanidad
  • Altivez de corazón
  • Pecado oculto
  • Desobediencia a las órdenes divinas
  • Vanagloria
  • Afanes terrenales
  • Apego a las cosas materiales
  • Avaricia
  • Codicia
  • Desenfreno moral
  • Obras de la carne
  •  Idolatría etc. etc.

Tiempo nos faltaría para hacer un análisis profundo de todas estas situaciones que hacen que la presencia de
Dios se aleje de nosotros, de nuestras familias y de nuestras congregaciones.
Veamos por lo menos algo en cuanto a lo que tiene que ver con la incredulidad, dicen las Sagradas Escrituras:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y
que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11: 6.

Dios quiere que le creamos más y más, la razón, porque Él es Dios grande, Eterno, Todopoderoso, hacedor
de maravillas. A Pedro el apóstol el Señor le dice: “! Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” San Mateo
14:31, a Marta la hermana de Lázaro Jesús le dice: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
San Juan 11:40; así mismo, el Cristo resucitado reprochó a los discípulos su incredulidad y dureza de corazón
San Marcos 16:14.

Por lo tanto debemos confiar, creer como nunca antes a las infalibles promesas del Señor, indiscutiblemente
llegó la hora de la victoria y no podemos permitir que la duda haga que el poder de Dios se aparte de sobre su
pueblo.
Hemos sido llamados para agradar a Dios, para satisfacer su corazón y para ser como un perfume grato a su
presencia.

En cuanto a la conducta desordenada, el orgullo y la altivez, la vanagloria y la indiferencia hacia lo santo,
podemos descubrir en la Palabra de Dios que “…el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido.” Mateo 23:12

¡Dios les bendiga!