Rev. Ignacio Hinestroza

Esperar en Dios es un asunto de mucha importancia en la vida cristiana. Ante todo, debemos tener
en cuenta que esperar una respuesta no es nada fácil, mucho más cuando se trata de las cosas de
Dios; esto tiene un costo muy alto.

Teniendo en cuenta lo anterior, necesariamente debemos aprender a esperar en Dios. No importa
cuanto sea el tiempo de este proceso. Podemos estar más que seguros que Dios hará lo que se ha
propuesto por cuanto como dice la Escritura: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de
hombre para que se arrepienta.” Números 23:19.
El Señor dice en su Palabra “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;…” Salmo 46:10(a) También
dice: “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;…” Salmo 62:8(a), esto quiere decir estar a la
expectativa de la guía del Espíritu Santo, para precisamente poder llevar a cabo la perfecta voluntad
de Dios.

Insistimos en la necesidad de aprender a esperar. Si no lo hacemos nos vamos a desalentar, a
desanimar, vamos a estar bajo la influencia de nuestra propia carne y finalmente nos vamos a
desubicar, si así fuera el panorama, el resultado sería perder hermosas bendiciones que Dios ha
preparado para todos nosotros, todo porque no nos agrada esperar, por ser impacientes, condición
propia de nuestra humana naturaleza.

Ahora, si estamos hablando de ser muy cuidadosos en este aspecto, entonces ¿qué hacemos?
Primero:
Tengamos abundante paciencia. David dice: “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y
oyó mi clamor.” Salmo 40:1. Debemos estar seguros que aunque pase el tiempo, la repuesta de
Dios vendrá en el momento oportuno.

Segundo:
Tengamos suficiente confianza en Dios y sus eternas promesas. David sigue expresando con todo
su corazón: “El solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho.” Salmo
62:2

Tercero:
Deleitarnos en el tiempo mientras viene la respuesta. El salmista dice: “Deléitate asimismo en
Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmo 37:4. Que el gozo de la presencia de
Dios se derrame con libertad en todo momento y así podamos permanecer fieles.

Cuarto:
Fortalecernos hasta que descienda la bendición, David continúa diciendo en el Salmo 25:3(a)
“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido;..” Que hermosa realidad todo esto. 

¡Dios cumple sus promesas y podemos estar plenamente convencidos que Él no va a fallar!