Rev. Ignacio Hinestroza

El anhelo de todo verdadero creyente es estar cada día más cerca de Dios. El infinito amor de
nuestro Padre celestial, nos inspira y motiva a elevarnos a alturas espirituales y disfrutar de una
intimidad hermosa con el Creador, de tal forma que le amemos más, que confiemos de todo corazón
en Él y en su Palabra y que le sirvamos con mayor pasión.

Cuando logramos este objetivo con la ayuda del Espíritu Santo estaremos más seguros, más
fortalecidos, más convencidos, más bendecidos, más llenos de gozo, y por tanto caminaremos
siempre triunfantes aunque haya momentos difíciles, situaciones adversas y ataques implacables de
las tinieblas.

Con sobrada razón Santiago en su epístola dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.”
Santiago 4:8, que sea tan real la gloria del Señor en nosotros que nunca más intentemos
separarnos de Él.

Hubo muchos que desearon más de Dios, como por ejemplo David cuando dijo: “…Que esté yo en la
casa de Jehová todos los días de mi vida…” Salmo 27:4(b); también dice: “Porque mejor es un día
en tus atrios que mil fuera de ellos.” Salmo 84:10 (a)

El escritor del salmo 73 en un comienzo estaba lejos de Dios, su condición era tal que llegó a sentir
envidia de los pecadores y arrogantes, al contemplar la prosperidad de los impíos su fe en Dios se
fue opacando, debilitando y finalmente perdió todo contacto con el trono de la gracia. Este caso es
tan común en nuestro tiempo, por esto hay tantos que se alejan de Dios pensando que todo va a ser
mejor, el enemigo de nuestra salvación les susurra que no hay necesidad de buscar a Dios, se van
distanciando y como resultado de esta tendencia, se debilitan, se fatigan, se tornan insensibles y
finalmente se encuentran en un estado de aridez espiritual sin comparación.

Pero este personaje hace un alto en el camino y a partir del versículo 17 el panorama cambia de
manera radical, él dice: “Hasta que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí el fin de ellos.”

Podemos notar que cuando él se acerca al altar entiende realmente las cosas como Dios quiere que
las entendamos. Existen muchas situaciones que ni usted ni yo las comprendemos en el momento,
pero cuando venimos ante Dios con un corazón abierto vamos a recibir una respuesta maravillosa
del cielo y una palabra específica para nuestra necesidad. En el versículo 22 el autor, refiriéndose a

su condición de alejamiento dice: “Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante
de ti.” Pero allí humillado en el santuario, recibe visión, ánimo, aliento, consejo del Señor y deseo de
continuar en la carrera, fue allí donde pudo expresar según el versículo 25: “¿A quién tengo yo en
los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.”

Es que cuando entramos en el secreto de Dios, allí recibimos una experiencia tan hermosa y
profunda, que todas las cosas comparadas con el Dios Todopoderoso quedan en un plano inferior, y
para que no haya duda, Asaf va a cerrar con una reflexión de victoria y declara con regocijo y mucha
convicción: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi
esperanza, Para contar todas tus obras.” Salmo 73:28
¡Amén!